Para abordar y entender la publicidad hay que tener en cuenta el tipo de sociedad en la que se produce.
A lo largo de la historia los anuncios reflejan distintas formas de vida y de aspiraciones sociales. Un buen ejemplo puede ser el programa de Guillermo Summers “Yo soy aquel negrito” sobre la historia de la publicidad audiovisual en España, o la página de la DGT con la recopilación histórica de las campáñas de educación vial que ha realizado. Ambos casos podrían servir perfectamente como fuente de conocimiento histórico para las clases de Historia del Mundo Contemporáneo o de Historia de España en Bachillerato.

La publicidad influye en los hábitos de las personas más allá de la compra da productos. El lenguaje que emplea y la realidad que reflejan responden a las necesidades, deseos, percepciones, y motivaciones de aquellos a los que va dirigida. Es omnipresente, en las calles, en las pantallas a la hora de comer, en la prensa que leemos, hasta en las conversaciones cuando reproducimos sus coletillas, cuando nos gusta especialmente un anuncio o nos desagrada.
Como decía Robert Guérin: “el aire que respiramos está compuesto por oxígeno, nitrógeno y publicidad”

Hay muchos estudiosos de la sociedad que piensan que es un verdadero agente de modelaje social, porque además de influir en los hábitos de compra, acelera la transmisión de actitudes y valores sociales, llegando incluso a modificarlos, transmite el discurso hegemónco de la sociedad de consumo, contribuye a una determinada percepción de la realidad conformando nuestro mundo simbólico, nuestros deseos.
Otros autores van más allá, como Daniel Vela Valdecabres que dice: “la publicidad sustituye a los mitos y creencias de antaño, rinde culto a los objetos de consumo como antes se hacía a objetos o animales, ha suplantado la autoridad de algunas instituciones como la Iglesia, cobra la importancia de una ideología… sustituye a lo que antes representaba la filosofía, la moral, la religión o la estética… instruye y educa el imaginario colectivo de la sociedad contemporánea… por medio del uso de estereotipos y valores propios de la sociedad de consumo, los objetos otorgan una posición social a quien los posee, como en las sociedades primitivas… actúa como una magnífica herramienta de control y manipulación social… impone valores y estilo sde vida… ejerciendo una coacción persuasiva sobre las creencias y las conductas, contribuyendo a conformar sus hábitos sociales y su manera de estar en las sociedades actuales”
¿Pero cómo hace todo esto la publicidad? ¿Unos sencillos papelitos con colores o unos segundos en la televisión?
Pues, como dice MV Romero en su libro “Lenguaje publicitario” (Ed. Ariel):
- Adecuando sus estrategias estéticas y retóricas a la conciencia de clase. Cada anuncio va dirigido a un target, un público objetivo, un sector de la sociedad.
- Atribuyendo una plusvalía simbólica a cada objeto, creando la ilusión de ascenso social.
- Evitando en los relatos escenas de división de clases o de conflicto social. Hay una supuesta igualdad en el consumo, hay productos para todos según sea el poder adquisitivo.
Si con todo esto no sentís la necesidad de enseñar a vuestros alumnos a ver publicidad, yo me retiro.